El fundamentalismo democrático, de Gustavo Bueno

«¿Es la corrupción un mal menor que se produce en nuestro sistema democrático, como se suele pensar, o es un rasgo inherente a la propia democracia? ¿Pueden los instrumentos del Estado de derecho acabar con la corrupción política como si de cualquier caso de delincuencia común se tratase? ¿Acaso es la democracia un sistema inmune, inatacable y perfecto que no puede verse dañado nunca por la corrupción?
Con gran sutileza conceptual y mordacidad polémica, el filósofo Gustavo Bueno analiza las ideas de corrupción y de democracia y trata de establecer su conexión interna. A continuación, hace un estudio exhaustivo de algunos de los casos más sonados de perversión democrática (corrupción no delictiva) que se han producido en España en los últimos años: el proyecto de ley de plazos del aborto, el «complejo de Jesucristo» del juez Garzón, los estatutos de autonomía y la opa hostil a Endesa, así como las leyes de memoria histórica, de matrimonios homosexuales o contra la violencia de género.
Una obra que somete a crítica los principios ideológicos del fundamentalismo democrático, que considera a la democracia como la forma perfecta de la sociedad política, el fin de la historia y el mejor de los mundos posibles.»

http://www.fgbueno.es/gbm/gb2010fd.htm

“La impostura freudiana”: una mirada antropológica crítica sobre el psicoanálisis

El aborto visto por un católico. Consideraciones sobre la ideología social-fascista que promueve la nueva ley.

Resumen. El presente no pretende ser una crónica sobre la manifestación del 17 de octubre en Madrid, por ser éstas muy abundantes y poderse encontrar en multitud de lugares en ésta nuestra sociedad de la sobreinformación. Más bien recogeré un cierto cúmulo de hechos acaecidos en los últimos tiempos para trazar un cierto esbozo filosófico social desde las coordenadas de mi circunstancia, esto es, un católico apostólico romano, y de esta manera dar algo de luz a las ideologías de fondo que promueven, entre otras cosas, el crimen del aborto, y que llamaré “social-fascismo”.

 

A lo largo del presente se comprenderá el uso de este término. Muchas cosas se pueden decir sobre ciertas decisiones políticas tomadas en España en los últimos años, a saber: la Ley de la Memoria Histórica, la asignatura Educación para la Ciudadanía y el proyecto de la nueva ley del aborto. Tienen en común éstas no ser sino instrumentos de división entre españoles, además de evitarse cualquier tipo de debate real sobre los mismos (con este proceder se empieza a comprender por qué es conveniente usar el término “social-fascista”). Se señalan a continuación, en general, los rasgos comunes de éstas a través de un esbozo de la ideología social-fascista que las promueven (sigo en este punto concreto a Gustavo Bueno). El primer rasgo destacable es el empeño por estrechar en lo posible el espacio de la objeción de conciencia, algo que por cierto siempre ha existido en la Iglesia Católica (por lo menos teológicamente). En el caso de EpC se podría construir esa asignatura con contenidos positivos, tales como enseñar las costumbres locales, las fiestas, el idioma, etc. Es decir, que no se critica la asignatura en sí misma, sino los objetivos que ésta esconde. Las siguientes son funciones sin parámetros que forman la base de estos presupuestos ideológicos.

 

1. Principio del Humanismo Laico: “El hombre es la medida de todas las cosas”, el cual lleva asociado un relativismo religioso, que evita todo posible diálogo constructivo. Todas las religiones, a fuerza de valer lo mismo terminan por no valer nada ninguna, salvo como un residuo folclórico-local que habría que observar como una película en un cine. El relativismo evita todo posible diálogo fecundo porque los relativistas por principio consideran ya las religiones como relativas (recuérdese el punto 26 de Caritas in Veritate).

 

2. Principio del Humanismo Ético, que atribuye a los sujetos humanos individuales la condición de entidades supremas, borrándose así toda posible fundamentación político-social en entidades trascendentes.

 

3. Cooperación mediante el “diálogo”, respetuoso, tolerante, relativista. Se olvida que la persona es sagrada y se suprime la “evangelización”, porque el diálogo que se propone distancia a las personas antes que unirlas. Desde mi perspectiva católica, porque vivo en una religión soteriológica, y por el deber de amor al prójimo, tenemos la obligación de proponer (que no de imponer, pues el amor impuesto no es amor) el modo de vida que Dios nos ha enseñado al Encarnarse.

 

4. Principio del “no a la guerra”, en virtud del cual no se comprenderían las formaciones de las ciudades, la historia de la Salvación, ni tampoco a Alejandro Magno, la expansión de los romanos, la formación de los Imperios, las revoluciones, etc. etc. Los libros de historia reducirían aún más sus contenidos (“Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!”, Lc 12, 49). El cristiano busca siempre la paz, pero no desde presupuestos infantiles, que evitan la confrontación dialéctica (que es otra vez una manera de darse el relativismo). Hay que luchar por la paz. Porque la paz es la “paz de la victoria”, en el sentido de que es un orden social el que prevalece sobre otros. Pero con este principio se evita la formación militar y la educación en historia de España, y de sus estudios críticos.

 

5. Armonía preestablecida a través de las Alianzas. Se pretende instaurar la definitiva felicidad en este mundo (que consistiría en el placer inmediato, la comodidad y conveniencia, envueltas en una dinámica de consumismo frenético para, entre otras cosas, suprimir el cargo de conciencia y, así, dar paso a la supresión de la trascendencia; con ello, se puede ya legitimar el aborto, incomprensible desde coordenadas católicas). Se olvida la clave de la idea de Pecado Original, en virtud del cual el hombre puede abrirse a Dios, pero nunca llegará a la dicha completa en este mundo (por cierto que la dicha se entiende como Gracia, conjugada con la Cruz y el Amor, opuestos a la “felicidad” pasajera e intrascendente de la sociedad de consumo).

 

 De esta manera se empezarán a comprender mejor las razones de por qué introducir esta nueva ley, el por qué de sus métodos y la ideología social-fascista de fondo. Pero en cuanto al aborto propiamente, debemos decir que se despenalizó con el voto del PP y que ahora el Psoe la pretende ampliar (un esbozo analítico de las razones de esto es el presente escrito). Por eso no conviene olvidar esto porque algunos que han legitimado este genocidio pretenden sacar ahora tajada política. Además de los puntos anteriores y para empezar a ver más claro la ideología social-fascista que actúa detrás de esta nueva ley, consideremos la siguiente serie de ideas-guía que atraviesan esta ideología de fondo. Son ideas abstractas, que movilizan la acción muy eficazmente, pero que paradójicamente resultan ser ideas huecas, cáscaras vacías de contenido. Esto se entenderá con lo que sigue.

 

Solidaridad. ¿Pero qué tipo de solidaridad? Los miembros de ETA son muy solidarios entre ellos. Falta concretar. Faltan parámetros. Se evita así todo contacto con la realidad, que exigiría movilización filosófica y por tanto debates. ¿Qué tipo de solidaridad hay que tener con un miembro de ETA?, ¿y con un médico abortista?, ¿la misma que con niño débil e indefenso que cuida un misionero en América, pongamos por caso?

 

Autoestima personal. ¿Qué tipo de autoestima? Porque también Hitler tenía la autoestima muy alta. La insistencia en la individualidad se diría ligada a educar a los gobernados como consumidores autosatisfechos, capaces de ‘discernir’ sus preferencias consumistas como derivadas de su propia subjetividad y de una ‘autoestima personal’.

 

Diálogo. Sin advertir del relativismo de fondo. Se invita a la mera palabrería, a la mera cháchara.

 

Adquisición de competencias (“destrezas” y “habilidades”). ¿Competencia en hacer bombas? Hay que tener gran destreza para fabricarlas, ciertamente. De nuevo se evita concretar y así hacer uso del ejercicio de la filosofía. Es éste, como vemos, un proceder infantil. No dudamos de que si se concretase daríanse razones plausibles, pero lo que se critica aquí es precisamente que se evite darlas. Es un proceder fundamentalista, que evita toda involucración seria de argumentos. Son por principio impenetrables, calificando rápido de “fascista” a cualquiera que les cuestione. Puro fanatismo, o social-fascismo.

 

Conducta racional. Otra vez sin parámetros claro. Suponen los social-fascistas que la religión (por concretar algo nosotros, y poder decir algo con sentido) es algo privado y no público, ¿son irracionales los que salen en las procesiones de Semana Santa?

 

Formación de personas libres e íntegras, que es pura retórica burocrática.

 

Las anteriores (y otras que se pueden añadir, pero que excede los propósitos del presente esbozo, mas creo que son suficientes) forman parte del cuerpo de doctrina del social-fascismo. Pretenden que sus adeptos se cieguen por la luz de las bonitas palabras de estas ideas fuerza, pero se evita la organización crítica de sus posiciones prescindiendo del diálogo con otros (de un diálogo que vaya más allá de una foto), desaprovechando así el grado de verdad que ofrecen otras perspectivas filosóficas.

 

 Es este social-fascismo el que impulsa la nueva ley del aborto. Se busca trivializar el aborto. No sería éste sino un vulgar proceso fisiológico (“como el que se quita un grano”). Además de suprimir una vida humana, esto me parece lo más grave del asunto. En efecto, educar en semejante trivialización trastoca el valor de las cosas que nos rodean. Una cosa tan seria como es el ciclo de la vida, el nacimiento de las personas, del que dependen todas las sociedades, se toma como algo totalmente trivial, sin importancia. Van despareciendo las cosas serias. Empieza todo a perder su valor. El relativismo parece que gana.

 Ahora bien, si nos empeñamos en trivializar el aborto, tomemos en consideración el papel del padre de la criatura. Éste terminará pensando que “esa cosa” que su ¿novia?, ¿pareja?, ¿mujer? lleva dentro no va con él, que no tiene más valor que un grano molesto que le impide salir de fiesta. Se desplaza al padre (que tiene la misma responsabilidad que la madre), se abandona a la mujer (menudo favor a la “igualdad”) y el inocente, indefenso y débil niño termina siendo asesinado, como víctima del cuarto negocio más rentable del mundo.

 

 En cuanto a los plazos, poco que decir, ¿cómo se puede justificar que el plazo permitido de gestación para poder acabar con la vida del feto sea inferior a 12 semanas?, ¿un segundo antes es un grano (o “un ser vivo pero no un ser humano”, como dice toda una ministra Aído) y un segundo después sí es ya un ser humano? La cuestión no merece más comentarios. En cuanto a permitir abortar a una niña de 16 años sin consultar a los padres: ¿alguien puede considerar maduras a las niñas de 16 años de nuestra sociedad para poder tomar ellas solas tan importante decisión (hágase aquí una pausa)?, ¿sabe una niña que va a abortar, no digo ya las terribles secuelas emocionales que persiguen a las que abortan durante su vida, sino siquiera las secuelas físicas que podrá arrastrar durante su vida? Repárese en esto, aunque sea un argumento que toca el lado egoísta de las secuelas del aborto. Parecería que esto no persiguiese sino sumar votos para las siguientes elecciones.

 

 Estos últimos años en España ha habido una insultante cantidad de abortos, con distintos gobiernos. En teoría sólo se podía abortar bajo los tres supuestos famosos, pero en la práctica abortaba quien quería. Son rarísimos los casos de abortos por violación por las dificultades del coito; en todo caso, si produce alguno y es doloroso para la madre, que dé al niño en adopción, pero que no lo mate).

 

 En el fondo, y ya personalmente, creo que nadie que tenga buen corazón puede estar a favor del aborto. Sólo se puede legitimar si se está muy cegado por una ideología o si se mira desde la perspectiva de la revolución sexual del presente. La total liberalización sexual implica una cierta permisividad para con el aborto. “Al fin y al cabo, se dicen las víctimas del mundo, el nonato es alguien que no se va a enterar de su muerte, va a ser silenciosa y rápida, pero a mí no me pidas responsabilidad sexual, porque quiero ‘disfrutar’ de la vida”.

 

No se dan cuenta los jóvenes que si no pones la vista en lo alto, muchas veces terminas poniéndola en cosas de poca altura. Que si no amas a Dios, se terminan adorando otros ídolos, y que a menudo se copian sus maneras. Si admiras a aquel que dice “sexo, drogas y rock and roll”, “disfruta de la vida”, “no pienses en que cosas que no se ven”, terminarán influyéndote sus modos de vida. Pero ese cantante, actor o modelo no es feliz. De hecho, muchos de estos se han terminado suicidando; de otros nos informan las revistas que cambian de pareja cada semana; de otros, que están en clínicas de desintoxicación. Recuerda que el que no es feliz un martes tampoco lo es un sábado. El mundo se muere de frío, y la casa que es nuestra vida se derrumba si no la construimos sobre roca.

 

En la cuestión del aborto nos jugamos mucho. Hay que formarse también en esta cuestión, dejando al margen intereses particularistas de partidos políticos, de los que continuamente escuchamos enfrentamientos superficiales, sin razones de fondo: se pasan la vida echándose cosas en cara. Tampoco digo que haya que verlo sólo desde una posición católica ni, en general, desde una perspectiva religiosa. Atrévete a pensar por ti mismo, y a sacar tus conclusiones. Una vez hecho esto actuarás en consecuencia. Por una persona que salve la vida merecerá la pena todo nuestro esfuerzo

SOBRE “EL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR O LA SINIESTRA NECESIDAD DEL CAOS”. RESEÑA A UN ARTÍCULO DE JUAN BAUTISTA FUENTES ORTEGA.

 

Publicado en http://al-alretortero.blogspot.com/2009/09/sobre-el-espacio-europeo-de-educacion.html

Parece que va creciendo de día en día la necesidad de decir lo evidente, o mejor, que tal necesidad ha existido siempre, pero hoy se ha convertido en una súplica urgente, al menos por una parte de la ciudadanía, más numerosa quizás de lo que se sospecha. En efecto, es como si la persona, envuelta, zarandeada, acorralada por multitud de proclamas, meras consignas que en cuanto tales se dan por necesarias, anhelara, por elemental razón de supervivencia, el discurso explicativo y expeditivo de quien se atreve a levantar la voz contra la Evidencia Triunfante, de la que en su fuero interno siempre había sospechado que no era del todo de fiar, aunque no tuviera claro cómo declarar tal pálpito. Pues bien, esto es lo realizado por Juan B. Fuentes: no sólo decir sin más lo obvio, ya que esto puede no ser más que un espejismo de verdad y convertirse por ello en lo mismo que pretendía aniquilar (por ejemplo, en la propagandística marca de un eslogan político), sino hacer lo obvio razón, algo que ya no es tan fácil ni tan obvio de hacer. Así pues, en lugar de empezar por el final y quedarse dando vueltas en él en una suerte de círculo vicioso, que es lo que hacen los lenguajes de la ocultación, Fuentes ha recorrido palmo a palmo el camino que dicta la razón trituradora hasta desentrañar los primeros resortes. El punto de arranque es el inexcusable, ya que es el que hoy por hoy ha de conformar que alguien contemple el perfil adecuado de la cara de la modernidad: la presentación, aun en dos líneas gruesas debido a las dimensiones del artículo, no ya de una teoría de la ciencia, sino de su posición en el mundo. Según tal teoría, la ciencia está inserta –Juan David García Bacca diría intrinsecada- en las sociedades humanas (y en el mundo en general, aunque, claro está, sean sólo los hombres los que se ocupan de y tratan con ella en cuanto ciencia) operando, pues, en ellas desde dentro y como algo propio de su morfología. Así dice Fuentes. “[...] lo anterior no quiere decir que las verdades de cada ciencia floten en una suerte de éter platónico transcendente a la sociedad humana que las ha generado, puesto que precisamente es dicha sociedad la que y en la medida en que ha sido capaz de generarlas, será asimismo capaz de incorporarlas a su proceso histórico productivo y social, y ello ahora precisamente bajo la forma de la propagación de las tecnologías (que no ya de las meras técnicas o artesanías) en el espacio social “. Asentado este modo de ser de las ciencias, queda por analizar cómo configura las sociedades modernas en el momento de su incorporación a ellas como tecnologías.

 

Y he aquí que de ese momento nace la moderna sociedad industrial, caracterizada por dos notas, a saber: a) el desarrollo industrial a una escala sin precedentes en la Historia, posibilitado precisamente por el despegue científico y tecnológico, de suerte que hay entre tecnología y ciencia por un lado, e industria por otro una vía de comunicación en los dos sentidos: de la ciencia y la tecnología hacia la industria y de ésta hacia aquéllas. Y b) el típico engranaje moderno de producción y consumo, en el que los antedichos desarrollos científico-tecnológico e industrial laboran. Pero al hablar de típico engranaje de producción y consumo, ¿de qué tipicidad estamos hablando? Explica Fuentes que “el desarrollo industrial realimentado entre ciencias y tecnologías no tiene lugar en abstracto” sino ín-sito en el orden socioeconómico actual, cuyo distintivo característico (aquí su tipicidad) es la producción y el consumo desbocados (es más, yo añadiría recordando a Sánchez Ferlosio –Non olet- que desbocados por iniciativa, preeminencia de la producción sobre el consumo). Así pues, lo que distinguiría las sociedades modernas de cualesquiera otras anteriores, sería semejante realimentación de dos niveles, uno de base, en el que se da el dicho tránsito de ida y vuelta entre ciencia-tecnología e industria de una parte, de otra entre producción y consumo; y un segundo nivel que es aquel en el que la realimentación es el engranaje, el orden mismo de las sociedades desarrolladas, ya que engarza, vincula necesariamente en recursividad mutua todo el conjunto: ciencia-tecnología-industria realimentadas y producción-consumo realimentados y desbocados, desquiciados. Esta es la primera verdad y la verdad nuclear que Fuentes ha hecho el servicio de darnos en el modo de la razón. Verdad nuclear, digo, ya que de su uso crítico se sigue la comprensión última de las sociedades modernas desarrolladas. Porque no puede renunciarse a hacer un análisis crítico del mundo moderno, pero este resultará insatisfactorio gnoseológicamente, si se carece de una idea clara sobre el papel representado hoy día por el vertiginoso despliegue tecnológico nacido de las aplicaciones industriales de la ciencia.

Ciertamente ha sido el desarrollo científico (físico matemático fundamentalmente) el que ha marcado el tránsito a una nueva era, y la teoría científica hecha “fuerza de trabajo” en la maquinaria industrial de los países desarrollados, supone la culminación de esa revolución que se inició en el Renacimiento. Racionalizada, puesta en razón, por tanto, esta primera “obviedad”, Fuentes en el resto de su artículo se servirá de ella para triturar las supuestas verdades y bondades del proyecto E.E.E.S., de la “sociedad del conocimiento” y la finalidad y practicidad de las inspiradoras de ambos, las “ciencias humanas”. Como he señalado, la necesidad de exposición racional de las relaciones entre teoría científica y tecnología y, con producción y consumo, se debe al hecho de que en ellas toman cuerpo las realidades sociopolíticas presentes, de modo que sin tal clara y racional exposición no se llegará a comprender el mundo presente, en el que, por supuesto, funciona la idea-fuerza contra la que Fuentes dirige su artículo, la filistea “sociedad del conocimiento” y esa su modulación que es el E.E.E.S. No se puede perder de vista, por tanto, la necesidad gnoseológica de la exposición de las relaciones antedichas, para poder cuestionar con fundamento el E.E.E.S. Dicho lo cual, quisiera añadir brevemente dos notas al artículo de Fuentes.

 

1ª Nota. El Espacio Europeo de Educación Superior (E.E.E.S) pretende eliminar de las aulas universitarias europeas las llamadas clases magistrales, lo que equivale a decir, la exposición teórica y el trabajo de teorización de los contenidos de las distintas disciplinas universitarias. Ante esto, Fuentes defiende de modo impecable la necesidad de una tal teorización en la Universidad, y, claro está, extiende dicha labor del ejercicio teórico a todas las disciplinas. Pero dentro de esta extensión choca el que diga –algo que repite varias veces en las primeras páginas- que la teoría científica, además de necesaria por lo que en sí misma tiene de científica, también aportaría control sobre los efectos –se supone que perversos- de sus aplicaciones tecnológicas. Y digo que choca porque postular la necesidad del trabajo teórico en las ciencias como remedio a las consecuencias sociales nocivas de sus aplicaciones tecnológicas, es algo que de suyo nada tiene que ver con la propia teorización en ciencia, y sí con cuestiones de orden sociopolítico. La vigilancia de la teoría científica (Genitivo Subjetivo) sobre sus desarrollos tecnológicos no es algo emanado como necesario del propio campo científico, a no ser que por vigilancia o control se entiendan estudios a su vez y de nuevo científicos, para comprobar, rectificar, anular o afinar determinada teoría en alguna ciencia concreta, sin salir, pues, del campo de la ciencia misma. Trabajo este que redundará en la optimización de las tecnologías, pero que en absoluto supone un deber moral. ¿Acaso no fue en una época en la que ni por asomo existía el proyecto E.E.E.S., ni la idea de “sociedad del conocimiento, y en que, por tanto, la teorización científica no estaba cuestionada de ninguna manera en los estudios superiores, cuando los científicos se afanaron en su trabajo científico, para afinar la tecnología implicada en el proyecto Manhattan? En definitiva, y por decirlo brevemente, tal anhelado control sobre las aplicaciones tecnológicas no es de orden científico, sino político. Y por ello mismo, es por lo que en las sociedades modernas desarrolladas, incluso sería deseable que existiera ese trabajo científico continuado, que consistiría en hacer una especie de seguimiento de los desarrollos tecnológicos, por la sencilla razón de que, como he señalado antes, redundaría en la posibilidad de extracción de un mayor rendimiento industrial-empresarial, por cuanto puede suponer la optimización de las tecnologías aplicadas a la industria, y esto sin necesidad de modificar la morfología de las sociedades desarrolladas, que tan bien ha descrito Fuentes en su artículo. Pero, ¿qué se concluye de esto? Y aquí es donde aparece la segunda nota que querría señalar.

 

2ª Nota. Pues sencillamente que el E.E.E.S. no se dirige en conjunto contra la teoría o el trabajo de teorización en la Universidad en general o indiscriminadamente, o dicho de otro modo, de iure será, caso de imponerse, para todas las disciplinas, pero de facto dispara contra unas bien específicas, aquellas en que la especulación teórica y la propia disciplina universitaria, son una y la misma cosa, es decir, las Humanidades clásicas: filologías clásicas, historia y paradigmáticamente la filosofía. Esto último es algo que, sin duda, Fuentes sabe y que expone brillantemente en unas páginas que no tienen desperdicio: aquellas en las que reivindica los saberes humanísticos clásicos por su carácter totalizador o metatotalizador en el seno de las sociedades políticas y la figura del auténtico político (y no ya el perteneciente a la clase política) como hombre cargado de bagaje humanístico; también en aquellas otras en las que de manera inapelable deja al descubierto (por no decir en paños menores) las nuevas metodologías pedagógicas que propone el E.E.E.S., amparado por las llamadas “ciencias humanas”. En resumen, determinan, por lo tanto, este ataque a las Humanidades clásicas por parte del E.E.E.S., dos hechos: uno que la teorización científica no se inmiscuye de suyo en la labor de totalización política, (algo que siempre podría poner en entredicho el orden socioeconómico imperante) antes bien, como he indicado arriba, el control científico en cuanto científico sobre los desarrollos tecnológicos puede incluso derivar una mejora industrial-empresarial, sin modificación ninguna del orden reinante; dos, que justamente nada de esto les ocurre a las Humanidades clásicas. En efecto, y empezando por el segundo punto, las Humanidades no generan tecnologías de aplicación industrial (otra cosa son las técnicas de control social que suponen las “ciencias humanas”), y en cuanto al primer punto, justamente lo específico de las Humanidades clásicas es esa labor de totalización o metatotalización que tan bien ha descrito Fuentes, con los riesgos que su ejercicio crítico puede conllevar (considérese el riesgo para el proyecto E.E.E.S. que supone el ejercicio crítico en vivo que el artículo de Juan Bautista Fuentes lleva a cabo) Es esta especificidad de las Humanidades lo que hace que choquen, me atrevería a decir que irreconciliablemente, con las nuevas “ciencias humanas”, pues ellas quieren arrogarse ese mismo valor, pero trabajando sobre el fondo o al amparo de las sociedades industriales modernas, del tipo moderno descrito por Fuentes. Suponemos así, que la extensión de la defensa del trabajo teórico a todas las disciplinas universitarias se realiza, primero porque Fuentes reconoce la necesidad gnoseológica del mismo, y segundo porque busca todos los apoyos posibles para hacer frente al proyecto E.E.E.S., aun cuando desde los estudios científicos, precisamente debido, entre otras cosas, como he indicado, a que en ellos no es pertinente la visión panorámica e integradora de la Filosofía, puedan estar tranquilos a la hora de su aplicación e incluso mirar con desdén –como un caso más de la “locura típica de los filósofos”- el esfuerzo por resistirse a él. Será por ese deseo de apoyos, sospecho, por lo que Fuentes no declara explícitamente que semejante proyecto aspira lisa y llanamente a quitar de en medio a filólogos, historiadores y filósofos, y a sustituir consiguientemente sus trabajos de totalización en el seno del conjunto histórico-político, por esos otros que lo acometen fragmentariamente y dan, por tanto, soluciones también fragmentadas (reléanse las páginas en que aparece la sugerente metáfora del caminante que desea atrapar su propia sombrea) Soluciones fragmentarias, desconexas que se dan desde las “ciencias humanas”, y que no pueden dejar de ser de tal modo, pues éstas se presentan como la variante humanística del trabajo científico, es decir, con aspiraciones al mismo grado de cientificidad que las ciencias y con una metodología análoga, y si, como afirmamos, de la teoría científica no dimana internamente una modulación sociopolítica, de las nuevas y supuestas ciencias humanas que parcelan y abordan el campo social a la manera, pretendidamente, del modo científico, emanará a lo sumo una resolución de los conflictos sociales hecha a jirones, discontinua. Para concluir. Será por estas razones, supongo, por lo que se echa de menos una declaración más contundente, por explícita, contra quienes encarnan el proyecto E.E.E.S., y con los que no podemos convivir pacíficamente quienes hemos sido educados en el seno de los saberes humanísticos clásicos. Ellos lo tienen claro y el E.E.E.S es su baza: en lugar del historiador el sociólogo positivista; en vez del filósofo el psicólogo, el pedagogo o el psicagogo; el especialista en traducción por el filólogo; el politólogo a cambio del Político; en fin, la sociedad del desgobierno, en lugar de esa otra que deseamos los que no renunciamos a que pueda gobernársela mediante el ejercicio de la razón, porque partimos del respeto al hombre.


EL ESPACIO EUROPEO DE EDUCACIÓN SUPERIOR O LA SINIESTRA NECESIDAD DEL CAOS 

Gustavo Bueno Martínez

GUSTAVO BUENO

Por Frank G. Rubio

Gustavo Bueno, catedrático emérito de Fundamentos de Filosofía e Historia de los Sistemas Filosóficos en la Universidad de Oviedo, recientemente apartado de su función docente, es autor de obras como “El animal divino: Ensayo de una filosofía materialista de la religión”, “Idea de ciencia desde la teoría del cierre categorial” o “El papel de la filosofía en el conjunto del saber” y otras muchas. Es, sin lugar a dudas, la figura más destacada de la filosofía española contemporánea.

 

Generación XXI: A la luz de su frase “Pensar es siempre pensar contra alguien”, ¿qué es para usted la filosofía?

Gustavo Bueno: Tal y como entiendo la filosofía, su función es pública, pienso que no va encaminada a resolver problemas personales, de tipo individual o existencial; parece que es imprescindible la actividad filosófica cuando los individuos particulares se juntan entre sí y entran en la plaza pública. A partir de un determinado nivel de civilización, parece imprescindible atacar a fondo el análisis de las ideas, ideas que brotan de situaciones particulares, contextualizadas por las ciencias, por la política, por lo que sea; la coordinación de segundo grado de estas ideas que atraviesan estas categorías no es unívoca, siempre hay diferentes alternativas. Por esa razón es por lo que creo que la filosofía no es una ciencia, sin que por ello deje de ser racional. La coordinación de estas diferentes alternativas supone el enfrentamiento de unas contra otras, y en ese sentido, pensar es pensar contra alguien.

GenXXI: Ud. ha dicho: “Es imposible hablar castellano sin filosofar”. ¿Existe una filosofía española? ¿Qué relación tiene con la religión católica?

G. B.: Creo que el español es un idioma que, por así decirlo, está sembrado de ideas filosóficas, palabras tales como “sustancia”, “categoría”, “relación”, “causa”… Quien quiera hablar este lenguaje está necesariamente filosofando. Defendemos la tesis de que el romance castellano fue la primera lengua filosófica de Europa, antes que el alemán o que el francés. La gran filosofía escolástica española se hizo en latín, por razones históricas muy complejas, pero quienes la hicieron hablaban español. Una de las tareas que queremos hacer ahora es traducir sistemáticamente todo ese material inmenso de la tradición escolástica, que es desconocido prácticamente, salvo por algún erudito, para ponerlo en circulación. Creo que la filosofía española está asegurada por su propia implantación lingüística y además por una razón muy importante, por sus características históricas, particularmente por su condición de imperio, España y el español tuvieron que asimilar prácticamente todo lo que había en el mundo. De ahí deriva esa característica que es la enorme receptividad que tiene el español para traducir y asimilar ideas que se han expuesto en otros idiomas.

GenXXI: La física contemporánea ha cambiado nuestro concepto de materia. ¿En qué medida esto ha tenido repercusión en la filosofía?

G. B.: Creo que ha tenido una repercusión decisiva,  fundamental. Ha cambiado en varias etapas: Primero con la relatividad general, y más tarde con la física cuántica y el big-bang, se abre un escenario completamente distinto de lo que se podría entender por materia en el siglo pasado: el materialismo corporeista. El positivismo lógico, en gran parte, se explica en función de la teoría de la relatividad, cosa que generalmente se olvida. El concepto de materia que propicia la física contemporánea, a diferencia de la física del siglo pasado, es un rebasamiento del concepto de materia como cuerpo, desde el momento en que se introduce el concepto de campo electromagnético por Maxwell, y que empieza a tratarse en serio en concepto de campos gravitatorios. Lo fundamental es la desconexión que la física contemporánea obliga a hacer entre la materia y el cuerpo. Esto tiene mucho que ver con el cristianismo católico, porque lo fundamental de la filosofía católica, sobre todo en su orientación tomista, es la idea de que la materia no es cuerpo; esto es una idea central desconocida por los griegos, por los atomistas, por los pitagóricos, por los epicúreos. Para explicar las transustanciación de la eucaristía, Santo Tomás tuvo que poner a punto una teoría donde el cuerpo queda reducido a la condición de accidente de la sustancia material, un accidente no vinculado a la extensión.

GenXXI: ¿Es posible que la bioquímica y la genética lleguen a conseguir la inmortalidad para los seres humanos? ¿Podría poner esto en relación con las teorías sobre la inteligencia artificial?

G. B.: A mí me parece que no, en absoluto. Me parecen fantasías sin fundamento. La inteligencia, tal como la entendemos nosotros, va ligada al cuerpo orgánico, es una inteligencia manual. Me parece que todo esto es ciencia ficción, interesante, eso sí, porque a raíz de esto se pueden descubrir muchas cosas. Lo que llamamos inteligencia, el logos, va ligado a las operaciones con las manos; cambian los instrumentos, pero la escala de las categorías sigue siendo “quirúrgica”. La relación del hablar con el manipular ya fue señalada por Platón en el “Cratilo”. Los técnicos y los físicos necesitan una corrección fundamental, habría que decirles lo que decía Goethe a los escultores: “Escultor, trabaje y no hable”.

GenXXI: Ud. prepara un nuevo libro titulado “España contra la Unión Europea y por América”. ¿Podría relacionar este concepto -expuesto ya en su artículo “España”- con la extinción del Estado nación y el advenimiento del Estado mundial?

G. B.: Los dos puntos centrales de este libro son la idea de Nación y la idea de Imperio, que no han sido desarrolladas en el artículo. El problema de la nación es más controlable, sobre todo cuando se vinculan las diferentes acepciones del concepto. Cuando hablo de nación me refiero a la acepción clásica, en latín, de  “natio”, donde la palabra nación quiere decir “algo que ha nacido” (de “nasco”, nacer); estas acepciones se van transformando. Para que podamos hablar de nación en sentido político hace falta que haya una polis; pero cuando se habla de la nación asturiana o la nación burgalesa, esto no tiene ningún sentido político, nos referimos a las gentes; la idea de nación en sentido político empezaría muy entrado el s. XVIII, es un invento francés, un invento republicano, la nación adquiere un sentido completamente distinto. La idea de nación es más fácil de controlar con argumentos históricos que la idea de imperio. La idea de imperio es una idea difícil, porque ha sufrido también unas ampliaciones consecutivas desde un concepto puramente subjetual. En Roma, la idea de imperio es una facultad que tiene el Imperator, que es prácticamente el jefe militar, pero ese concepto no tiene nada que ver con el concepto de imperio que viene después de Constantino, bajo la influencia del cristianismo, en que la idea de imperio se convierte en la ciudad de Dios o la ciudad de los hombres, y toda esa evolución increíble que tiene lugar en la Edad Media, particularmente con la creación del Sacro Imperio Romano Germánico, con la creación del Imperio de Alfonso VI, frente a las pretensiones dle Papa. La teoría de Imperio de Alfonso X el Sabio, prácticamente desconocida, y la teoría de Francisco Suárez, son materiales imprescindibles para hablar del imperio. Yo creo que no se puede explicar la historia contemporánea sin utilizar el concepto filosófico de imperio, que es distinto del concepto puramente diamérico que utilizan antropólogos y politólogos: Imperio es cuando un Estado empieza a controlar a otros estados de un modo indefinido. Este concepto es muy distinto del concepto metamérico de imperio, que se hace desde fuera de la estructura política, porque tiene una nota de universalidad. Hablamos del imperio americano, o dle ruso (la URSS), que no existen, o dle imperio español, que realmente era la monarquía hispánica. Todo esto desemboca, de algún modo, en la discusión que se dio entre Bakunin y Marx en la Primera Internacional; el conflicto entre la toma del Estado o si hay que empezar con la extinción del Estado.

GenXXI: ¿Qué piensa usted de Internet y de su relación con conceptos tales como “aldea global”, “sociedad de la vigilancia”, “rebelión de las elites”?

G. B.: Son tecnologías nuevas, que nos ponen ante una situación completamente nueva. Todo depende de qué grupos controlen, y de cómo controlen, porque la lucha por el poder se plantea ahora en este terreno, que por sí mismo no tiene entidad, aunque sí puede facilitar la presión de ciertos grupos, de ciertas multinacionales. El peligro de estas cuestiones es suponer que hemos amanecido en un mundo nuevo, porque aunque haya novedades absolutas, están siempre entremezcladas con las situaciones anteriores; lo que hay que hacer es intentar controlar cada uno como pueda y según sus intereses estos medios.

GenXXI: El crecimiento poblacional es una preocupación constante de determinadas corrientes de pensamiento. ¿Qué opina usted del problema del hacinamiento en las grandes ciudades a la luz de la etología?

G. B.: La objeción global que yo hago es que cuando se habla de los seis mil millones de habitantes que constituyen nuestro presente, esto es una cuenta abstracta que carece por sí misma de sentido, porque hay que tener en cuenta la descomposición de ese colectivo, esa cuenta está hecha con 1.200 millones de chinos, mil millones de indios, y así sucesivamente, y entonces resulta que la unidad es aparente, no porque sea falsa, sino porque tiene otros niveles. Hay otras corrientes, en Inglaterra, por ejemplo, que dicen que el incremento demográfico puede ser básico para el desarrollo tecnológico y social e, incluso, dicen algunas voces que los problemas que padece Africa podrían estar dirigidos por los grandes imperios industriales y comerciales, que quieren evitar la pérdida de sus mercados. Creo que el pensar que el incremento de la población haya tocado techo es altamente discutible, lo discuten bastantes técnicos, una cosa es la posibilidad de supervivencia y la posibilidad de organización del imperio y otra cosa es el cambio total de la humanidad, que se determina por el crecimiento del Tercer Mundo. El crecimiento demográfico del Tercer Mundo es una defensa propia de estos países. Los sociólogos dicen que la única defensa que tienen estos países es el incremento de población, si no, quedarían barridos completamente, y si se les toma en cuenta es por esto. Véase como ejemplo el crecimiento vegetativo de los hispanos en los EE.UU. Así, sabemos que el islamismo va creciendo frente al cristianismo. Lo que se alteran son las estructuras sociales y culturales, y lo que no está probado en absoluto es que tenga ningún sentido decir que tal límite de población -los seis mil millones- sea el techo, sobre todo con el desarrollo de las nuevas técnicas.

GenXXI: ¿Está la universidad española en crisis? ¿Cuáles son los rasgos de esta crisis? ¿Existe algún remedio? ¿Ha muerto la universidad?

G. B.: La universidad española atraviesa una etapa muy heterogénea. Como conjunto, yo creo que ha muerto hace años, en el sentido de que no existe. “Universidad” es un término equívoco para designar conjuntos de facultades y de escuelas que actúan cada una a su aire y que tienen en común ciertos rasgos administrativos, como por ejemplo que haya un cuerpo de catedráticos, un cuerpo de profesores, estudiantes con una serie de derechos parecidos, pero la universidad como tal cada vez está más dispersa, prácticamente ha desaparecido. Incluso vemos día a día un proceso de degradación de la universidad como conjunto, porque si antes se organizaban seminarios, colaboraciones, hoy en día es prácticamente imposible, a lo sumo logras una conferencia. Esta situación ha estado desfigurada por cuestiones políticas en la época de la transición. Ahora todo depende de las facultades, hay grupos que de repente desarrollan un nivel muy alto, en medicina, en tecnología, en matemáticas, pero otras están en una pendiente de degradación progresiva, y a la que más le afecta esto es a la facultad de filosofía, como es natural, que queda replegada a una especie de facultad de filología, que se nutre o bien de clásicos o de escritores, llamados “filósofos actuales”, como pueden ser Habermas o Wittgenstein, cuya alcurnia y cuya sustancia es muy discutible. Lo que caracteriza a muchas facultades y departamentos es la “invidencia”, en el sentido etimológico, que significa envidia, y esta envidia yo creo que más que envidia es un aforma de autodesprecio, como la que sentía Alfonso VI por el Cid.

GenXXI: ¿Con qué criterio se seleccionan las materias y se organizan los planes de estudio?

G. B.: Creo que es aleatorio. Modas americanas, sin fundamento. Desde la época de Maravall se ha optado por hacer a los jefes de departamento cargos burocráticos, no hay un plan común de trabajo. Es una burocracia más. La división en “ciencias y letras”, las “dos culturas” y su “comunicación” son pura retórica.

GenXXI: ¿Se considera usted a sí mismo como uno de los últimos representantes de una estirpe de intelectuales segregados por el sistema?

G. B.: Hombre, no. Si fuera el último sería muy pesimista, creo que soy uno más de la cadena, si no, habría que hacerse el harakiri.

publicado en www.generacionxxi.com/

El folloncico de Chávez

PARA evitar que malandrines y folloncicos como Avellaneda convirtieran a su Alonso Quijano en un pelele caricaturesco, decidió Cervantes enterrarlo, después de devolverle el juicio y hacerlo morir muy cristianamente; pero aquel designio cervantino se ha revelado inútil, porque nunca han faltado folloncicos que, a imitación del escritor fingido y tordesillesco, emborronan con pluma de avestruz grosera la figura de su ingenioso hidalgo, hasta dejarla hecha unos zorros. El último ha sido Hugo Chávez, que en su reciente visita madrileña nos ha dejado esta perla:
-Don Quijote era socialista.
Afirmación que ha causado gran embeleso entre la parroquia progre, que ha visto desfilar a Chávez por la Gran Vía como los paletos de Bienvenido, míster Marshall veían desfilar la comitiva de los americanos. A don Quijote le han colgado sambenitos de lo más variopinto y estrafalario; y del mismo modo que algunos han visto en él un loco furioso, siendo discretísimo, otros han querido convertirlo en socialista, adscripción injuriosa ante la que don Quijote no hubiese dudado en enristrar la lanza. Don Quijote le dijo en cierta ocasión a Sancho que ningún hombre es más que otro si no hace más que otro, según el concepto de igualdad cristiana que se extrae de la parábola de los talentos; y que es, exactamente, lo contrario de la igualdad socialista, que es una igualdad de hormiguero donde no importa lo que hagas sino lo que los socialistas hagan contigo. Y lo que hacen contigo los socialistas consiste en dejarte igual de pobre si ya lo eras; o en volverte pobre, en caso de que aún no lo fueses. Esta igualdad de hormiguero preconizada por el socialismo la ha aplicado Chávez a rajatabla en Venezuela, hasta convertirla en un parque temático de la pobreza; y el modelo chavista empieza a brindar sus frutos también en España, donde Zapatero se dispone a socorrer a los pobres con una limosnilla después de haberlos fabricado a ritmo estajanovista.
El éxito de la igualdad entendida al modo socialista consiste en negar al pobre la posibilidad de «hacer más que otro», arrebatándole sus talentos, que son fuerza activa y creadora, y sustituyéndolos por una buena dosis de resentimiento, que es fuerza pasiva y destructora. Para estimular el resentimiento, el socialismo se pone a fabricar pobres como un descosido; y, una vez fabricados, los mantiene en un estado de «pobreza controlada», como los bodegueros mantienen los vinos a una temperatura uniforme, mediante un subsidio o limosnilla que se recauda quitándole el dinero a quienes antes no eran pobres (pero que, tras el despojo, quedan reducidos a igual pobreza). El mal de muchos se erige entonces en consuelo de resentidos; y las primeras remesas de pobres fabricadas por el socialismo, en lugar de revolverse contra el causante de su mal, se consuelan al comprobar que ese mismo mal se extiende cual gangrena voraz a quienes hasta entonces no lo habían padecido. Y así, ya nadie se preocupa de «hacer más que otro», sino tan sólo de que el causante de su mal -a quien ya consideran su redentor- siga fabricando pobres sin descanso, en pos de la utopía socialista, que consiste en universalizar la pobreza. Utopía que nunca se alcanza del todo; porque si se alcanzara las sucesivas remesas de pobres fabricadas por el socialismo ya no tendrían sobre quién dirigir los dardos de su resentimiento.
Pero en esta igualdad de hormiguero que preconiza el socialismo siempre hay una hormiga reina que duerme en sábanas de holanda, o en la misma cama en la que antes retozó la cantante Madonna, como acaba de hacer Chávez en un hotel de Madrid. Don Quijote, en cambio, reposaba sus apaleados huesos en los ásperos camastros de las ventas; pero don Quijote era un caballero cristiano, no un socialista como el que nos ha pintado con pluma de avestruz grosera el folloncico Chávez.
www.juanmanueldeprada.com

El aborto según Gustavo Bueno Martínez

Gustavo Bueno Martínez desenmascara las razones ideológicas de los nuevos proyectos abortistas en España:

http://www.fgbueno.es/med/2009abor.htm

Publicado en http://www.fgbueno.es/

Más allá de la lucha de clases

Algunos de nosotros logran habitar en un plano suficiente. Caminan erguidos, templan su voz sin desquiciarla en grito, figuran ademanes lentos y precisos… junto a ellos malvivimos los otros: sudorosos, simiescos, enfermizos… somos los más, plétora grande de la “ciudadanía”, que nos titulan hoy nuestros careas gobernantes. De estos, a su vez, una amplia mayoría disfruta de los hiatos de su tedio: uno cada seis días, quince días al año y, aún, en ratos que llaman muertos; como si disfrutaran en otro tiempo de algo que pudiera llamarse vida. Esta plaga numerosa de los abundantes cunde en las ciudades. No me detendré a describir su aspecto – otrora dispar – hoy cada vez más homogéneo. Basta abrir los ojos para conocernos, damos su forma a nuestro tiempo.

 

La diferencia con respecto a la casta grande es creciente, ha alcanzado con la democracia liberal el grado de la diferencia entre dos especies biológicas, vagamente afines. La vieja lucha de clases resulta hoy una pseudobiológica lucha por la existencia. Más allá de lo que se llamó darvinismo social y del conflicto entre clases, es una guerra sin ecos de batalla, un enfrentamiento ultramoderno: higiénico, dialógico, adormecido. No se deja ver, de hecho, en la calma chicha del orden social. Aquí persistirá, yo no lo niego, la lucha económica de clases. Digo, sin embargo, que no conforma el presente actual del antiguo occidente. Su figura nos la da antes esta eterna batalla silenciosa que conoce ya una muchedumbre de caídos.

 

Pugna tenaz entre el nihilismo pleno y las formas defensivas de psicoterapia: psicodrama e integración vital, pensamiento positivo y Nueva Era, técnicas de autoestima y vida sexual satisfecha… caben miles de formas de esta resistencia vencida. Vencida pero aparantemente orgullosa, la facción de los afirmativos nos mira con desdén. Pero conocemos su fuste carcomido, el eje de su verticalidad tomado por la nada. Por ello podemos reconocer como propios, análogos remotos, a los hombres del gesto pleno, de la mirada entrante, del sentido definido y el horizonte amplio. Los más astutos los contemplan como los señores, los más nobles sólo como usurpadores y falsificadores de moneda… pero la nobleza es ya un obstáculo. De hecho trasciende la distinción aludida y aparecen nobles de vieja forma entre los unos y entre los otros. Podría aconsejarse la castración terapéutica de estos nobles marginales y la disfunción quedaría contenida. Sería la perfecta victoria de la facción hegemónica del nihilismo ultramoderno. Una atmósfera paradójicamente irrespirable satura el aire.

 

No hay ni siquiera un sitio donde arrodillarse. Durante largos años quedó, como una salida aún honorable, un retiro humilde, una silenciosa retirada a un espacio propio. La posibilidad de una tal emboscadura se ha cerrado para siempre: no quedan restos de esos afanes claros en horizontes bien acotados, no quedan umbrías en el paisaje arrasado, desolados campos, calcinados senderos indiferenciados que cierran todo rincón donde reposar las rodillas, hundiendo la estatura ante la bella imagen del mundo. Y es tan importante doblegarse, hundir la cabeza entre los hombros, respirar lentamente y ofrecer las manos para que sean acogidas por las manos de Otro. Es la figura que compone el hombre que verdaderamente afirma, sin máscaras de risa amplia o tacto joven, que afirma impotente sin la soberbia vana del pensamiento positivo y del psicodrama. Rodillas en tierra, cabeza baja, manos alzadas y en torno una gloriosa nada: silencio, apenas aire y el vago murmullo de la creación. Sólo entonces, sin origen ni procedencia, unen tus manos, una con otra, las manos de Alguien.

Publicado en http://nomosdelatierra.blogspot.com/

G. K. Chesterton: Una anécdota más bien improbable

Publicado en Cruz Amante (ver enlace), en la sección “lecturas imprencindibles”

No recuerdo si esta historia es verdad o no. Si la leyese con cuidado, sospecho que decidiría que no. Pero por desgracia no puedo leerla con cuidado porque aún no la he escrito. Durante gran parte de mi infancia, la idea y la imagen de la misma permanecieron conmigo. Puede que lo soñase antes de aprender a hablar, o que me la contase a mí mismo antes de saber leer, o que la leyese antes de tener recuerdos conscientes. Sin embargo, estoy completamente seguro de no haberla leído ya que los niños tienen memorias muy claras de cosas semejantes. Y, de los libros que me encantaban, recuerdo no solo la forma, el volumen y la encuadernación sino incluso la posición de las palabras impresas en muchas de las páginas. Teniéndolo todo en cuenta, me inclino a creer que me aconteció antes de mi nacimiento.
***

En cualquier caso, contemos el cuento con todas las ventajas de la atmósfera que lo ha ido empapando. Pueden ustedes imaginarme, por así decirlo, sentado comiendo en uno de esos restaurantes de comida rápida donde la gente come tan rápido que lo que ingieren pierde la categoría de comida, y donde pasan su media hora libre tan deprisa que pierde la categoría de descanso, aunque apresurarse en el descanso es la actitud menos profesional que uno puede adoptar. Todos tenían puestos sus sombreros de copa, como si no pudiesen perder ni un instante en colgarlos de una percha. Todos tenían un ojo ligeramente hipnotizado por el enorme ojo del reloj. En resumen, eran esclavos de la moderna cautividad y podía escucharse rechinar sus grilletes. Cada uno estaba de hecho, sujeto por una cadena, la más pesada que nunca ató a un hombre: la cadena de su reloj de chaleco..

Ahora bien, entre los que entraban y se sentaban frente a mí, hubo uno que, casi inmediatamente, inició un monologo que nadie interrumpió. Estaba vestido como todos los demás hombres, sin embargo su conducta era sorprendentemente distinta. Tenía puestas la chistera y el frac pero los llevaba de la manera en que objetos tan solemnes deben llevarse. Llevaba el sombrero de seda como si fuese una mitra y el frac como si fuese la túnica de un gran sacerdote. No solo había colgado su sombrero si no que, era tal su decoro, que casi pareció pedirle permiso y pedir disculpas de la percha por utilizarla. Cuando se sentó en la silla, lo hizo en la manera que lo haría alguien que tuviese en cuenta los sentimientos de la silla y haciendo una pequeña reverencia a la mesa de madera, como si fuese un altar. No pude evitar hacer un comentario porque aquel era un hombre robusto, vigoro y de aspecto próspero y, aún así, trataba las cosas con un cuidado que parecía nerviosismo.

Por decir algo para demostrar mi interés, dije:

-Estos muebles parecen sólidos pero, desde luego, la gente los trata demasiado descuidadamente.

Mientras le observaba dubitativo me fije en sus ojos, no pude apartarlos de su mirada apocalíptica. Le había tomado por un hombre corriente al entrar, excepto por su manera de comportarse extraña y cautelosa. Pero si los demás se hubiesen fijado en él, habrían escapado gritando de la habitación. No se fijaron y siguieron haciendo ruido, con el resonar de sus tenedores y el murmullo de su conversación. Pero el rostro de aquel hombre era el de un demente.

-¿Quiere Vd. decir algo con eso?- Contestó al rato y su cara recuperó el color..

-Nada en absoluto- repliqué – Aquí nadie dice nada coherente. Amarga la digestión…

Se reclinó en su silla y se enjuagó el sudor de su ancha frente con un gran pañuelo, sin embargo parecía haber una nota de decepción en su alivio.

-Supuse que quizá – susurró – otra se había estropeado.

-Si se refiere a otra digestión defectuosa – dije- nunca oí que ninguna fuese buena. Este es el corazón del imperio y los demás órganos están iguales de deteriorados.

-No, quise decir otra calle estropeada- dijo lenta y claramente- pero, como supongo que esto no le aclara nada, tendré que contarle la historia. Lo hago con toda tranquilidad al ser consciente de que usted no me creerá. Durante cuarenta años de mi vida, invariablemente me he marchado de mi oficina, que se encuentra en la calle Leadenhall, a las cinco y media de la tarde, llevando en la mano derecha un paraguas y en la izquierda un maletín. Durante cuarenta años, dos meses y cuatro días abandoné la oficina por la puerta lateral, anduve por la acera izquierda, tome el primer giro a la izquierda y el tercero a la derecha, compré el periódico de la tarde, seguí por la acera de la derecha rodeando dos ángulos obtusos y terminé saliendo justo al lado de la estación, donde cogí el tren hasta casa. Durante cuarenta años, dos meses y cuatro días, hice esto por la fuerza de la costumbre. No era una calle larga, tardaba en hacer el recorrido cuatro minutos y medio. Después de cuarenta años, dos meses y cuatro días, al quinto día, comencé a hacer lo mismo hasta que noté que andar por la calle de siempre me cansaba más que de costumbre. Cuando doblé la esquina, pensé que me había equivocado. Ahora la calle se levantaba en cuesta, como las que se ven en la parte de Londres que se levanta sobre colinas, y en esa parte de Londres no había colinas. Sin embargo no me había equivocado, el nombre escrito en la pared era el mismo, las tiendas cerradas, las farolas, toda la perspectiva era idéntica. Pero ahora se inclinaba hacia arriba como un borracho. Olvidándome del agotamiento y la fatiga, eché a correr rápidamente hasta que alcancé la segunda de las esquinas que yo habitualmente doblaba, desde la cual debería poder ver la estación. Cuando giré en la esquina, casi me caigo al suelo. Porque ahora la calle se elevaba como una escalera escarpada, como las de los costados de una pirámide. En millas a la redonda, no existen cuestas como las de Ludgate Hill. Y esta era como el Matterhorn. Toda la calle se elevaba como en una única ola, pero cada mota y cada detalle eran idénticos. Identifiqué en las alturas, como si estuviesen en un pasaje alpino, las letras rosas del cartel de mi papelería.

Entonces corrí como loco, dejando atrás las tiendas, y llegue a una parte de la calle en que hay una larga fila de chalets grises. Tuve, no sé por qué, el presentimiento irracional, de que era un largo puente de hierro extendiéndose sobre él vació. Me dejé llevar y alcé la tapa de una carbonera. Al mirar hacia abajo, vi el espacio vació y las estrellas.

Cuando levante la vista, había un hombre de pie en el jardín de la puerta de su casa. Estaba mirándome apoyado en la verja. Nos encontrábamos solos en esa calle de pesadilla. Su rostro estaba en penumbras, su ropa era corriente y de un color discreto, pero de alguna manera supe que no pertenecía a este mundo. Las estrellas que había detrás de su cabeza, eran mayores y más brillantes de lo que deberían soportar los ojos de los hombres.

“Si es usted un ángel amable”, dije” o un sabio demonio o si tiene algún vinculo con la humanidad dígame que sucede en esta calle poseída”.

Tras un largo silencio replicó diciendo “¿Qué calle cree que es?”.

“Es la calle Bumpton, por supuesto”le contesté en el acto” va a la estación Oldgate”.

“Si, a veces va allí” reconoció muy serio”pero en este preciso momento, va al paraíso”

“¿Al paraíso? ¿Porqué?”Dije yo.

“Porque busca justicia. La debéis haber maltratado. Recuerda siempre que hay algo que no puede ser soportado por nada ni por nadie. Esa cosa insoportable es ser explotado y despreciado. Por ejemplo, se puede explotar a las mujeres. Todo el mundo lo hace. Pero te desafió a que encima las desprecies. Puedes despreciar a los vagabundos, a los gitanos y a todos los demás marginados mientras no los explotes. Ni una bestia del campo, ni un caballo, ni un perro pueden soportar por mucho tiempo que les exijan que hagan más trabajo del que les corresponde pero que, al mismo tiempo, tengan algo menos que su honor. Es lo mismo con las calles. Debéis haber agotado a esta calle hasta la muerte, sin recordar nunca su existencia. Si tuvieseis una democracia saludable, aunque fuese pagana, habríais decorado esta calle con guirnaldas y la habríais alabado como una diosa. Entonces se habría quedado tranquila. Pero al fin se ha cansado de vuestra incansable arrogancia. Corcovea y levanta la cabeza hacia el cielo. ¿Has montado alguna vez en un caballo que corcovea?”

Miré la larga calle gris, durante un instante tuvo el aspecto del largo cuello de un caballo alzado hacia el cielo. Pero al instante, mi cordura regresó.

“Pero todo esto no es más que tonterías” dije “Las calles van a donde deben ir. Toda calle debe llegar a su fin”.

“¿Porqué piensa eso de las calles?”Preguntó, muy quieto.

“Porque siempre la he visto hacer la misma cosa” contesté razonablemente enfadado “Día tras día, año tras año, siempre ha conducido a la estación Oldgate. Día tras…” Paré al notar que había erguido su cabeza con la furia de la calle rebelde.

“¿Y usted?” Dijo con un grito terrible”¿Qué piensa de usted la calle? ¿Cree que está vivo? ¿Estas vivo? Día tras día, año tras año, siempre te has dirigido a la estación Oldgate…” Desde entonces he respetado los objetos a lo que llaman inanimados.

Y haciendo una leve reverencia al bote de mostaza, el hombre se fue del restaurante.

Cajas de ahorros, víctimas del sistema

Madrid, 28 julio 2009. Sumido el mundo entero en una crisis provocada, en primer lugar, por la especulación financiera (señal del agotamiento de la segunda prórroga del sistema capitalista, que muerto ya a principios del siglo XX, se embalsamó merced a dos guerras mundiales), y España en una recesión sin precedentes desde la década de mil novecientos cuarenta (pero con agravantes, como la práctica desaparición del sector productivo y el desplazamiento y desarraigo de las poblaciones) , las decisiones políticas no hacen sino causar más alarma. La huida hacia adelante del Gobierno (de ocupación) de España y del resto de la clase política, de todos los partidos, está poniendo en peligro lo poco que queda de viejas instituciones que proporcionaban una cierta seguridad.

Es el caso de las cajas de ahorros. Algunas, como la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid (Caja Madrid) remontan sus orígenes al Antiguo Régimen, antes de la Revolución liberal. El resto fueron en gran parte fruto del esfuerzo por fomentar la industria y por librar de la usura a los humildes, impulsado por lo mejor del clero y de los seglares católicos, a menudo carlistas.

Desde la imposición del régimen constitucional/ autonómico, en 1978, y de la consiguiente proliferación de mini gobiernos y de cargos políticos, las cajas de ahorros han sido utilizadas por éstos para sus intereses. Se las forzó a imitar en sus prácticas a los bancos –liberados éstos por la democracia de cualquier limitación o freno moderador– y últimamente se las utilizó para proyectos especulativos tan peligrosos, que han terminado obligando a intervenir al Banco de España, como ocurrió a fines de marzo pasado con la Caja de Castilla la Mancha.

El nombre de ésta última es revelador de otro proceso que ha dañado el papel social y la reputación de las cajas, poniendo a la vez en peligro su futuro: la fusión de las mismas, provocado por los políticos autonómicos, ansiosos de prebendas y de “bancos centrales” a su servicio.

El Gobierno parece ahora empeñado en estimular esa política de fusión, ad nauseam, y en convertir a las cajas de ahorros en sociedades anónimas. Se pondría así fin, definitivamente, a su naturaleza mutual, a sus fines sociales, a su misma existencia.

Ninguna caja de ahorros ha sufrido dificultades por ser fiel a sus propósitos fundacionales, ni por ser pequeña. Algunas de las más pequeñas han sido ejemplo de solvencia y buena administració n, mientras que las más grandes se han puesto en peligro por habérselas forzado a comportarse como bancos de inversión.

Aprovechando el sopor del verano (que como período de inactividad, que no de vacaciones, es otra de las aportaciones del liberalismo a la vida política y económica española), en los últimos días se ha anunciado la fusión de las cajas de ahorros de Sabadell, Tarrasa y Manlleu, impulsada por el separatista gobierno autónomo de Cataluña. Han trascendido las negociaciones para la fusión de la Caja de Ahorros de Guadalajara con Caja Badajoz, Caja Extremadura y Cajasol. A la temida y anunciada fusión de Caja Duero (Caja de Ahorros de Salamanca y Soria) con Caja España, puede sumarse Caja de Burgos (la Caja de Ahorros del Círculo Católico de Burgos, de la que fue muchos años presidente José María Codón, q.s.g.h.). Una de las más solventes, la Caja de Ahorros de Asturias, está siendo sondeada para la fusión por Caja España y por entidades gallegas, de nuevo con el aplauso y el impulso de los políticos del sistema. Y Cajasur, la única gran caja de ahorros que todavía estaba (más o menos) bajo control diocesano, parece abocada a fusionarse con Unicaja, quedando el control eclesiástico relegado y dando entrada al PSOE a sus órganos directivos y, en consecuencia, incluso a los de la COPE, en una comunidad autónoma –la de Andalucía– que es cortijo socialista desde su creación, hace ya más de treinta años. El preacuerdo de fusión, aprobado ayer por unanimidad por los responsables de Cajasur, pone serias dudas sobre la continuidad de la labor social de la misma, que previsiblemente lleve a partir de ahora el camino de las entidades controladas por el PSOE, IU y el PP: “inclusividad” , fomento de la aberrosexualidad, subvenciones a manifestaciones “artísticas” pornográficas y antirreligiosas, etc.

Todas estas operaciones cuentan con la complicidad de los sindicatos mal llamados mayoritarios, así como de las grandes organizaciones empresariales (que suelen estar dirigidas por especuladores y por “empresarios” de obra pública y subvención). Ignoran asimismo una de las grandes ventajas históricas de las cajas de ahorros: su territorialidad, su arraigo.

Urge una vigorosa reacción social, si España y los españoles quieren seguir teniendo futuro. Una reacción restauradora, como la que el Carlismo lleva años propugnando.

Selección de textos de pensamiento social carlista en Carlismo.es

El Piquete, página carlista de pensamiento y actividad social, laboral, económica y sindical: http://obrerotradic ionalista. blogspot. com/

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