Desintegración moral y social.

“¿Sabes que pasarán los siglos y la Humanidad proclamará por boca de sus sabios que no existe ninguna verdad, ni el crimen, ni el pecado, que sólo hay una cuestión de hambrientos?” F. M. Dostoievski.

“En esto reside el gran misterio y la gran tragedia del hombre moderno, que pierde lo esencial sin darse cuenta de que lo ha perdido. Porque si quieres que los hombres sean hermanos, haz que edifiquen una torre, pero si quieres que se maten, arrójales dinero” Antoine de Saint-Exupéry.

Los humanos en el siglo xxi vivimos en una sociedad tecno-económica globalizada. Para su análisis se podría proceder desarrollando largamente esta caracterización. Pero adoptemos otra perspectiva. Describamos a una persona corriente de nuestro mundo, alguien que refleje de forma paradigmática cómo es el mismo.

Pongamos a una quinceañera cualquiera, llamémosla María, chica con familia, estudios escolares, amigos, etc. Pues bien, preguntémonos, ¿cuáles son sus inquietudes?, ¿cómo es la vida de esta chica? Estamos en un sábado cualquiera, María se levanta a mediodía, desayuna (seguramente con lo light y lo desnatado presente), mientras mira la televisión, con suerte podrá averiguar algunas de las intimidades de personajillos que prefiero no calificar. Es posible que converse con conocidos y desconocidos a través de internet (aprendiendo el deformado lenguaje digital) o del teléfono móvil. Además, en internet podrá encontrar multitud de páginas denominadas para adultos sin ninguna oposición; cuando llegue la hora de la comida, la aplazará para el momento que ella estime oportuno, y la comida familiar no será tal. La tarde la pasará en uno de esos grandes centros (de concentración) comerciales, comprando y probándose gran variedad de prendas grabadas en su cerebro a través del bombardeo publicitario, y cuya moda viene avalada por la firma de alguno de sus ídolos (ya sea actriz, cantante u otro artista); luego, María se introducirá en un enorme cine para disfrutar y aprender de una película romanticona; al salir, degustará una fabulosa hamburguesa (o una ensalada baja en calorías). Una vez en casa, empleará un par de horas en preparase para salir y participar en un botellón. Si no la han de atender los servicios sanitarios, tendrá la oportunidad de machacarse los tímpanos en la discoteca de moda, al tiempo que sonríe a algún chavalito. Para acabar el día es probable que lo haga con un acto sexual, quizá con un desconocido hasta esa noche. María merece por fin un descanso tranquilo ya en su cama.

Esta es la manera de comportarse de cualquier joven corriente de nuestros días, y muy pocos podrán decir que no participan en alguna de estas actividades. Estas personas no se sienten vinculadas a unas costumbres, ya sean familiares o regionales, no amarán la Naturaleza, y les será imposible pensar en lo religioso; el motor de sus ¿vidas? es la autosatisfacción material, y sus dioses se llaman David Bisbal y Zara, creen sólo en ellos y en lo que diga el horóscopo. ¿Cómo van a amar a una Patria, si no saben lo que eso significa? Sus amigos son aquellos con los que más se divierten o les son útiles. En fin, todo ello hecho posible gracias a la sociedad capitalista globalizada en que vivimos.

 Para contraste, observemos ahora a un campesino español de hace algunos siglos. Este hombre sencillo trabaja sus tierras laboriosamente, unas tierras que ya han trabajado sus padres y abuelos. Tiene su esposa, sus hijos, vive calurosamente con ellos, digieren alimentos por él cultivados. Respeta las costumbres de su región dentro de las Españas y sus fiestas religiosas. Es un buen católico, un buen padre y marido. No conoce lo escrito en los libros, pero su sabiduría es infinita. Se conforma gustoso con lo que tiene. Ama con toda su alma su tierra, su familia, a Dios, y todo ello lo condensa en su amor de Patria. Si esto le quitan no puede vivir, porque no sabría ni querría, y moriría con gloria por defenderlo. No tiene ordenador, ni teléfono móvil, tampoco conoce los grandes centros comerciales, pero él es libre con lo que tiene, pues está satisfecho con ello. Cuando deje este mundo, podrá decir que ha sido feliz, porque ha cumplido con su deber y vivido humanamente. Hemos de estimar los avances del pensamiento tecnológico y científico que se han producido en los últimos siglos, claro, pero hemos de refexionar hacia dónde se dirige y cómo queremos que sea nuestra sociedad; pues ahora que el hombre dispone de los mayores adelantos materiales ha caído sin embargo en una peligrosa fase de decadencia moral que alarma. Imaginemos la educación que recibirán los hijos de nuestra María, ¿qué podrán aprender de ella?, ¿qué sabiduría sino la del egoísmo les transmitirá, cuáles serán sus escalas de valores? ¿alguien puede pensar aún que creerán en el esfuerzo personal, el amor y el respeto, en la solidaridad o en la caridad?

Y de la misma manera que hemos llegado al crepúsculo moral a través de la sociedad capitalista de masas, no podemos albergar la esperanza de que la izquierda progresista (la no-comunista) actual pueda hacerse cargo de la situación; en efecto, ya convive con las derechas capitalistas, está situada a su vanguardia, sólo que con el objeto de eliminar las diferencias económicas que aún pueda haber en la sociedad (y también implantar los derechos de los simios), son idénticos moralmente: no proponen valores distintos.

En cuanto a la izquierda comunista, en pleno siglo xxi, ya no se puede hacer creer en un régimen de este tipo como viable; en efecto, la Historia, que va dando la medida del Hombre, ha demostrado que ese culto al Estado produce el mayor terror conocido hasta ahora; y esto por pensar la vida humana en abstracto, dejando de lado todo tipo de relaciones sociales surgidas naturalmente entre los ciudadanos; la vida de cada individuo entonces la organiza el Estado, para instituir la igualdad entre individuos; pero es una igualdad abstracta, por ese quedar violentadas las relaciones naturales, desgarradas hasta donde convenga; una vez se haya logrado la igualdad entre los mismos su doctrina fallida hace creer que el hombre será definitivamente feliz; quedan rezagadas de esta manera todas las costumbres, tradiciones, la familia, etc. porque tampoco harán falta, se ha conseguido ya la felicidad definitiva, para qué entonces sirven, el individuo queda como un instrumento del poder, cayendo en la nada social, y el que se oponga será eliminado por la siniestra maquinaria estatal.

También participan de ese culto al Estado los fascismos: se mantienen instituciones naturales e históricas como la Familia o la Patria, pero todo depende del Estado, todo es para el Estado, y no al revés, pues no es el pueblo, mediante sus necesidades, la que marca el papel del Estado.

Tradicionalmente, en España, hasta la llegada de la modernidad tecno-económica, eran los pueblos (Las Españas) los que mediante sus leyes regionales o fueros (surgidos estos de las asociaciones naturales entre individuos) organizaban el Estado, es decir, iban marcando la medida de su actuación; nótese cuán radicalmente distinta es esta concepción del Estado del resto de las comentadas: en la sociedad consumista de masas son las empresas (el Estado es su instrumento) las que van creando las necesidades del individuo, (des)organizando su vida, y rompiendo así sus lazos sociales; su gemelo moral, la izquierda no comunista, cuyo programa incluye la destrucción de los vínculos sociales por ser estos los que impiden la igualdad (meramente económica, nunca moral, se dice que es algo privado) entre individuos; también la izquierda comunista, donde, para la definitiva felicidad del sujeto, se le deja solo ante el Estado, desarraigándole de sus raíces naturales; y el fascismo, donde el Estado marca la pauta a la sociedad, y no la sociedad la pauta al Estado.

Qué pues. Qué nos queda por hacer. La única salida a esta situación agobiante y desesperada en que se ha sumido la humanidad es la restauración de los valores eternos que la han hecho vivir durante tantos siglos. Los valores católicos que en España han hecho al hombre arraigar en el cosmos mediante las relaciones sociales de origen natural, y que hacían a cada persona amar su tierra, unas tradiciones, una familia, y que según avanzasen y desarrollasen éstas dirigían hacia un lugar u otro los destinos de la Patria: ésta es la verdadera libertad de los pueblos. España expandió los valores católicos por el Nuevo Mundo, espíritu forjado por los años de Reconquista, donde ser cristiano significaba ser no-moro, y moro ser no-cristiano; por eso nuestro espíritu intrépido desbordó las tierras peninsulares, por ese deseo cristiano evangelizador que participaba del espíritu más genuinamente español; y de ahí que nuestras tropas no necesitasen soldados en demasía, sino que con un número adecuado de misioneros se pudo conseguir Imperio tan magnífico. Y claro, oficialmente hoy se olvida, pues al perder nuestros valores con la llegada de la modernidad tecno-económica y la sociedad industrial, se han pretendido implantar en nuestra tierra modelos políticos ajenos por completo a nuestra tradición: así perdimos la esencia de España, a partir de entonces en continua decadencia.

Si queda alguna salida a la muerte en vida que padecemos, y si tenemos todavía algún sentido del deber y de la responsabilidad, no nos queda sino ser fieles a nosotros mismos, e instaurar como podamos los valores eternos que nunca debimos perder.

2 Responses

  1. Veo que soy el primero en contestarte, La Espada Del Cid. Espero que me agradezcas haber “roto el hielo”.

    Parafraseando a Ortega en tu anterior post: “el animal tiene naturaleza, pero el hombre tiene historia”; he encontrado una respuesta a la pregunta de ¿Por qué este estado de decadencia en la sociedad actual? Creo que la historia es consecuencia directa de la propia historia, una historia que se repite continuamente con circunstancias muy similares, pero con distintos personajes. Si nuestros ancestros se enfrentaron hace años, siglos en forma de vehementes guerras, no esperemos que en la actualidad no sigamos esa tendencia. Es por ello que la consecuencia directa del egoísmo y del “ansia de poder” de nuestros abuelos es nuestro egoísmo propio.
    Tu personaje “María” no es más que la consecuencia´”lógica” de la propia historia: Si las guerras antes se libraban en campos de batalla, hoy las guerras son económico-mediáticas. Todo vale (Conveniencia) con tal de alcanzar un fin (La comodidad). No deja de ser una actitud beligerante, capaz de aplastar con mano de hierro al más débil y vulnerable, pero como vuelvo a reiterar, el mundo globalizado de hoy es consecuencia lógica de nuestra propia historia.
    Al campesino español que de forma autárquica lograba a duras penas subsistir depositando su esperanza en las buenas cosechas, no le quedó más remedio -o sí, pero la pela es la pela- que vender en los mercados locales;primero, lo que le sobraba, y cuando la cosa empezó a prometer más y más dinero lo vendía todo. Y… ¿Ahora? Qué curioso! Aquél ancestro ha dejado tras de sí toda una generación de explotadores agrarios que dominan extensiones vastísimas de terreno y que absorben laactividad de cualquier pequeño empresario. ¿Es o no consecuencia lógica de la historia?

  2. El hombre no tiene naturaleza como los animales, sino historia. En efecto, pero entendida como un continuo estudio de su pasado y lo que ha sido, para de esa manera orientar sus destinos hacia un lugar concreto y no repetir errores (popularmente se dice que “el pueblo que ignora su Historia está condenada a repetirla”, a eso me refiero); porque no podemos dejarnos llevar por la “consecuencia lógica”, eso sería precisamente hacer caso omiso de la Historia; y es que si se prevee la decadencia moral (pero no sólo) en fase terminante en que estamos entrando (pensemos en ‘María’) y no movemos un dedo, entonces ya hemos perdido la batalla. Entonces podemos ser ya unos pobres encadenados a la “comodidad, conveniencia y placer inmediato (los placeres no-intelectuales, por ejemplo)”, dejarnos llevar por la corriente, y consumir y obedecer lo que nos digan sin rechistar; claro, y eso por ser “consecuencia lógica” de la Historia, porque la Historia no puede ser un mero pasatiempos de eruditos y aficionados, sino el instrumento argumental más poderoso que asiste al hombre. Ese repaso breve del artículo a las ideologías dominantes desde la Revolución francesa dice que han sido fallidas y nos han llevado adonde ahora estamos: eso nos enseña la Historia; a nosotros toca el proponer nuestro FUTURO.

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