MUERTE UNIVERSITARIA o convergencia europea de estudios (EEES)

  “[…] Devuélveme, tiniebla, devuélveme lo mío: / Las santas cosas, el volumen con su rocío”  (Jorge Guillén)

  La finalidad del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) es constituir el engranaje educativo necesario para sustentar la economía tecnológica en que se asienta el mundo de hoy. Se pretende, con ello, instituir lo que los impulsores de dicha reforma denominan sociedad del conocimiento.

  Para esclarecer lo que sea eso de sociedad del conocimiento esbocemos esquemáticamente el sendero dibujado por las ciencias y las tecnologías, al objeto de comprender la encubierta perversión que se nos presenta para hacérnosla asumir mediante el sistemático adormecimiento de las masas, arma infalible propio de gobiernos tiránicos.

 Tradicionalmente, los saberes técnicos idean arte-factos con una necesidad práctica inmediata, es decir, con una continuidad funcional entre aquello que se busca elaborar y lo de hecho creado. 

 Sin embargo, el científico actual es partícipe de un sistema inmenso de teorías en forma de teoremas demostrados, que son universalmente válidos, y por tanto desborda cualquier practicidad inmediata, tornándoles indefinidamente reutilizables: desprendidos pues de las necesidades prácticas de su origen adquieren una validez formal objetiva independiente de cualquier cultura que los haya generado, y por lo mismo formalmente válidos para toda cultura posible. 

 Esta universalización de los saberes científicos con su indefinida versatilidad es la que posibilita la sociedad industrial, mediante la propagación de las nuevas instalaciones tecnológicas en el espacio social, y que llevan preñadas la transformación radical de la morfología de la cultura humana, pues se modifican desde su raíz las relaciones sociales previas para enfrentar la nueva escala de producción masiva.

 Los saberes científicos se ramifican y reagrupan según la contingencia tecnológica que se demande en un momento determinado. Por ejemplo, los conocimientos teóricos de la ingeniería de caminos, canales y puertos no son sino un conglomerado de saberes parciales de matemática, física y arquitectura entre otros. Esto quiere decir que la ciencia no solo se hace universalmente válida, sino que progresivamente se va desgajando de sus orígenes y formando nuevas disciplinas acordes a las necesidades que se van encontrando, y son el resultado de un mestizaje de varias teorías científicas. Esto hace que se generen sucesiva (e indefinidamente) nuevas ramas o especializaciones.

 Y pasa que el desgajamiento tecnológico progresivo supone al compás (y esto es lo esencial, el mayor error inadvertido) la pérdida del posible control científico sobre las consecuencias de la especialización tecnológica (en los individuos, estas especializaciones derivan en el consumo irracional de ciertos productos, por ejemplo); pues una vez controladas, la política (sana) será la encargada de decidir si la aplicación conviene al conjunto de la sociedad. 

 La actividad política, de entrada, consiste en la necesaria tarea de totalización del conjunto de las relaciones sociales generadas por la población en cada momento determinado de la historia, y por ello ha de ir en paralelo a las tereas o saberes productivos que dicha sociedad practique: en el caso de nuestra sociedad ha de controlarse (no cuantitativamente solo) de manera especial la productividad tecnológico-industrial. Es decir, la política ha de ir midiendo los confictos sociales para restaurar el equilibrio en la medida de lo posible, y procurar la cohesión social. 

 Por lo tanto, la principal tarea (cada vez más problemática) de la acción política es hoy día el ser capaz de encarar las nuevas condiciones sociales derivadas de la producción gigantesca de la maquinaria industrial. Para ello es manifiestamente imprescindible ejercer un control sobre las ciencias teóricas básicas de que parten las distintas especializaciones, pues solo así se puede ejecer un posible control sobre las consecuencias de éstas. Pero al no hacerse esto (y no solo eso, sino que además se fomenta como veremos), surge una crisis estructural en el sistema, y allí justo tomarán forma los gobiernos que arropen -de manera encubierta, deformada y legitimada- la llamada sociedad del conocimiento.  

 En efecto, estos gobiernos, lejos de favorecer el control teórico básico de la especialización tecnológica no hacen sino invertir económicamente en la producción industrial de la especialización: para ello se requerirá un nuevo tipo de ciudadano, ese que consuma lo máximo posible, lo más variado posible, y lo más rápido posible; de esa menera se realimentan las empresas, que volverán a invertir en nuevos productos tecnológicos optimizando la inversión, situando a la política por detrás de los grandes imperios económicos. Y precisamente no se invertirá en el posible control científico básico de las especializaciones tecnológicas porque no son rentables inmediatamente, directamente. 

 Se comprende entonces que cuanto mayor sea la inversión en la especialización tecnológica y menor en su posible control teórico, mayor será el control empresarial y menor por lo mismo la capacidad totalizadora de la política de prever y dar solución efectiva a los conflictos de esas nuevas relaciones sociales de que venimos hablando. La economía desborda la política y la sustituye. Se tornan cada vez más aleatorias las relaciones del tejido social, unidos ya los individuos solamente por ser consumistas con una tendencia indefinida a la satisfacción material egoísta.

 En este contexto se sitúa el soporte educativo de la sociedad del conocimiento culminada como no podía ser menos en la universidad, mediante el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). En efecto, para su rodamiento se ha de desfigurar radicalmente el mapa sociológico, convirtiendo al ciudadano en un sujeto indefinidamente versátil, lo más versátil posible para que se pueda adaptar a las nuevas situaciones caóticas: para ello, primero se han de reformar los estudios secundarios, donde se dice que la enseñanza ha de ser universal, cuando realmente lo que se hace es especializar al personal en sectores tecnológicos que a la postre resultan ser vacíos, superficiales (no hablemos de la LOGSE y lo que es hoy nuestra juventud). Se trata de ir vaciando los estudios secundarios progresivamente, para de esa manera preparar al alumno para lo que será la universidad una vez implantada la convergencia europea de estudios. Se busca el entontecimiento progresivo de las masas, formando a seres autosatisfechos y acomodados, que obedezcan servilmente, y lo hagan en forma de consumo estúpido, y a fuerza de ello incapacitarles para su independencia vital, es decir, robarles la verdadera Libertad. Pero se nos otorga una pseudo-participación en el sistema, reducida a un voto cada cuatro años, momento en el que votamos a grupos políticos que en realidad defienden lo mismo, pues si hay alguno que no esté aquí situado, tengamos por seguro que sus posibilidades de éxito a día de hoy son nulas.

 Se entiende pues que la política sea un espectro de sí misma, situada a la vanguardia de los imperios económicos. La función propiamente encargada de suturar los problemas sociales ahora recae sobre las ciencias sociales, es decir, la sociología, la antropología cultural, y según otros la psicología. En efecto, se supone a éstas una cientificidad de entrada absurda: ¿cómo se va a matematizar el comportamiento de una persona? ¿cómo se van a matematizar las relaciones sociales? la psicología, por ejemplo, a veces parece dar respuesta a ciertos comportamientos y los explican de manera aproximativa y parcial, pero no son capaces de controlar la conducta humana teóricamente, que es por su inconmensurable complejidad inabarcable, y lo que con esta pretensión se consigue no es sino engordar los problemas que no son capaces de abordar, además de que se tornan cada vez más imprevisibles por el producto que va quedando del hombre-masa-consumista, un personaje progresivamente cebado de depresiones, estrés, traumas psicológicos, anorexia,  obsesiones sexuales, pastillas tranquilizantes, etc. Estos planes para las ciencias sociales es la última conquista (está muriendo lo demás) del sistema socialtecnocrático.  A este respecto, es conveniente señalar el papel reservado a las Humanidades, esto es, a los saberes históricos que mediante un sacrificio comprensivo por interpretar la historia nos dan la posibilidad de re-orientar los destinos humanos mediante el análisis de los errores acaecidos a lo largo de la misma. Esta misión noble de las Humanidades eleva exponencialmente su importancia ante la insuficiencia de las ciencias sociales. En las Humanidades encontramos sobre todo a la historia (historiografría), por supuesto; pero también a las filologías (clásicas, mediante el estudio del lenguaje conocemos mejor el pasado), pero sobre todo a la filosofía, concebida como el saber totalizador, reflexivo y crítico del conjunto de la realidad (aquí en especial las filosofías de la vida, filosofías de la historia). Las Humanidades no son en modo alguno un lujo superfluo o un adorno cultural, sino unas disciplinas prácticas, profundamente prácticas. Dónde mejor para implantarlas que en la enseñanza secundaria, donde ésta es universal, para preparar de la mejor manera posible al conjunto poblacional futuro; pero no, su suerte no será distinta de lo que le espera a todo lo valioso (ya poco) que nos queda: ser tragado por la implacable maquinaria consumista. A modo de ejemplo observemos lo paradigmático que de todo esto es USA; pues bien, allí se han inventado la disciplina llamada estudios culturales, asociada ideológicamente al multiculturalismo, de tal modo que se equiparan cualesquiera rasgos culturales de cualesquiera culturas, como si, por ejemplo, la riquísima cultura española engendrada durante siglos por la convivencia unitaria de sus pueblos fuera equiparable a los particulares rasgos culturales de alguna de sus indivisibles regiones, cuyas raíces forman parte común (hace poco se han encontrado en Gipúzcoa restos de objetos romanos, para aquellos que aún sigan pensando que esas montañas nunca han sido visitadas) de la Patria Española, su riqueza infinita comprende las particularidades regionales, en la diversidad se hace más grande su anchísima sapiencia. Y en fin esos estudios culturales responden paradigmáticamente a la superficialidad con que se abordan estos temas, como si una componenda de tales estudios pudiera sustituir el estudio de las Humanidades (que de hecho lo hará, y serán los restos de las Humanidades no ya un instrumento práctico del hombre, sino un lujo superfluo). Esta vaciedad a que se pretende llegar por equiparación perversa e insípida de distintas culturas no hace sino destruir la comprensión de las formas de vida realmente complejas, es decir, las formas tradicionales de vida.

 ¿Y cuál es el papel reservado a la universidad en este embrollo enmarañado? Pues albergará como no podía ser menos el paso definitivo necesario para hacer efectiva la sociedad del conocimiento, ya que se trata de una institución cuyo objeto es la formación de profesionales. Se pretenderá que estos sean lo más versátiles posible, susceptibles de adaptarse a cualquier situación de especialización tecnológica (las Humanidades desaparecerán, gota a gota, para que no se note); pero, ¿cómo se logra eso? Pues de entrada supliendo la figura del maestro, la del verdadero enseñante, y poner en su lugar a un profesor que ha de indicar maravillosamente (zapaterilmente dirán no son acertada ironía algunos) al alumno hacia la búsqueda de los conocimientos en el mar de información traído de la mano de las nuevas posibilidades comunicacionales; se trata de que el estudiante aprenda a aprender, el ¿profesor? ha de enseñar a aprender, y en una terapia (psico)pedagógica aprenda a enseñar, y así adquirir el alumno las destrezas, competencias y habilidades requeridas que le prepararán para su viaje por el oleaje implacable de lo aleatorio por imprevisible. Se quiere, claro, rebajar la profundidad de los contenidos temáticos asociados a cada disciplina, ya que se piensa que con el acceso tan mareante a las nuevas comunicaciones informáticas al alumno le sobran los conocimientos, ya que están ahí, están en la red. ¿Pero alguien en su sano juicio puede llegar a concebir que exista la investigación sacrificada del estudiante sin que estudie?

 Esta metodología de la enseñanza correrá a cargo de los (psico)pedagogos, cuya misión es instruir al profesorado en el enseñar a aprender. Obsérvese que esto supone considerar todas las displininas del saber como susceptibles de ser enseñadas de igual modo, con la misma metodología, obviando el hecho insoslayable de que cada disciplina requiere de una metodología singular, que solamente es capaz de impartir aquel que se haya imbuido en ella durante una experiencia adecuada. Me viene con esto a la mente un maestro de mis primeros años como estudiante universitario, un catedrático curtido en décadas de enseñanza ejemplar, con su manera sapientísima de transmitir conocimientos, y la verdad que no me consigo imaginar a este ilustre maestro recibiendo lecciones de cómo ha de impartir sus saberes por un pedagogo jovenzuelo. Y es que sólo la presencia humana del maestro hace posible la transmisión dialógica de saberes.

 Qué esperanzas de salvación podemos albergar. Posiblemente ninguna. Lo que no quiere decir que hayamos de tirar la toalla, sino redoblar los esfuerzos encaminados en comprender la verdad del sistema gubernamental en que se ha sumido la humanidad, derrotando mitos y haciendo comprender a aquellos que aún no son esclavos encadenados del consumo irracional que ellos, y solamente ellos son las personas indispensables para reorientar esta nefasta situación. Hacer comprender que el gobierno del pueblo actual (mal llamada democracia) se basa en una hueca participación cada ciertos ¡años! y que realmente de esa manera no participa nadie, sino la mano invisible que mueve los hilos de todos nosotros en conjunto. Más difícil (más cuanto más tiempo pase) será hacer comprender esto a aquellos seres autosatisfechos y acomodados (aunque todos somos conformistas en alguna clase de conformismo).

 En otro plano ya más comprometido se trataría de estudiar con profundidad el valor de la razón ilustrada tan de moda a fines del xviii, emparentada con la revolución francesa y de las que las democracias actuales son herederas; aquí entra de lleno y cobra su mayor sentido el marco teológico-político del protestantismo-catolicismo, pues el concepto de razón ilustrada abstracto-igualitaria proviene de la teología protestante. En cambio, en la teología cristiana vieja (católica) ya se concibe al hombre como una persona singular en su integridad, de ahí que haya igualdad básica moral pero no necesariamente igualdad económica, pues ésta sería consecuencia de entender a la persona en abstracto.

La regeneración social de la Vieja Europa es la salvación. En realidad la única esperanza.

(Este texto recoge gran parte de las ideas del trabajo de Juan B. Fuentes sobre la convergencia europea, se puede leer en https://laespadadelcid.wordpress.com/ , en la sección de “textos hoy imprescindibles”)

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