El aborto es un genocidio. El síndrome Capone.

(Publicado en www.terciocatolico.blogspot.com)

El síndrome Capone se resume en pocas palabras: “meter al criminal entre rejas sin importar el delito”. Es decir, como todos sabemos, Alfonso Capone fue metido en chirona no por su organización armada pandillera, sino por evasión de impuestos de sus ilegales actividades. Sin pensar mucho, estaremos de acuaerdo de que nos parece una solución excelente, por lo menos desde el punto de vista subjetivo de la venganza, pero, ¿qué ocurre con la justicia? Porque, y esto es importante, no olvidemos que el derecho es un instrumento, una herramienta, y cuanto más sea capaz de fidelizar la justicia, tanto más se seguirá el correcto orden en su aplicación. Tambien, es verdad, el problema se suscita no tanto en el derecho instrumental, sino en la concepción de justicia. Y admite esta tantas concepciones como admite el hombre, y no son tantas, pues, o bien se la define desde el punto de vista teológico, bien desde la razón apartada de toda trascendencia o bien desde la naturaleza sin un orden superior abandonada al primer instinto y pasión. La imagen que nos hagamos no le da la subsistencia al hecho real y objetivo, sino que nos corromperá o nos acrecentará en función de la correcta imagen representada con el ser del objeto. El probelema llega cuando el hombre es capaz de imaginar que todo aquello que es, lo es por la imagen concebida, así se degrada tanto que el sentido común muere acribillado por el síndrome Capone.

La plataforma liberal conservadora Hazte Oír organizó una manifestación con el lema de la exigencia del cumplimiento de la ley del aborto, pretendidamente para manifestar su repulsa a tan execrable crimen. El síndrome Capone, es decir, no reconocer el delito, sino al culpable y castigarlo no por la culpa, sino por la impotencia. Las gentes de buena fe se pueden equivocar, pero Dios no se equivoca. Todos aplauden las querellas. Nosotros las aborrecemos. ¿Y por qué? No por la querella en sí, instrumento neutro, sino porque ese artilugio es defendido, amparado y venerado para condenar acciones más contudentes.

Sí, así han reaccionado siempre los leguleyos del síndrome Capone. Los conocemos muy bien. Y encima dicen a los demás que es su acción la que hace mella y no las demás. ¡Qué! son Dios. No, son hombres idólatras, cobardes que se amparan en la nota de prensa de condena, pero que jamás se mancharán con el barro de la calle. Vacíos, sepulcros blanqueados fruto de un sistema al que reconocen como padre y madre, la pestilente democracia liberal. Son ellos, los que hacen todas esas exhibiciones circenses para lavar sus sucias conciencias, ellos los corruptos, ellos los que “tienen nombes de vivos, pero están muertos“.

No. No los apoyaremos, ni ahora, ni nunca.

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