La Iglesia y el sexo

LA IGLESIA Y EL SEXO, por Sergio Vicente Burguillo.

Me comentaba un amigo hace poco que la gente está deseando adherirse a alguna fe que vaya más allá de este mundo terrenal, porque el ateísmo es difícil de soportar; de esta manera, la gente está dispuesta a abrazar a Dios, aunque, para muchos, siempre que la fe no comprometa la comodidad burguesa-consumista. Entonces me decía que la Iglesia debía de “modernizarse” y que sólo así la masa abrazaría nuevamente a Dios.
Entonces yo le preguntaba que en qué debía la Iglesia “modernizarse”, y él me contestó que en la cuestión sexual. Al preguntarle yo en qué más, ya no supo contestarme. Es decir, que solamente en el sexo la Iglesia estaba “anticuada” para mi amigo. Esto es muy revelador, porque muestra implícitamente que el sexo está realmente muy presente en nuestras mentes, en nuestras vidas; tal vez se pueda llamar obsesión generalizada. Para probar esto no hace falta más que escuchar una conversación juvenil: no pasarán cinco minutos donde no aparezcan referencias al sexo.

Y entonces yo le contesté, razonadamente, porqué la Iglesia defiende el sexo integrado en el amor, y que para los cristianos esta postura del sexo es la más elevada que cabe imaginar.

I. Para un inicial choque con el lector, me gustaría que reflexionase sobre lo siguiente: el mito de la pornografía. Veamos este argumento familiar: nadie (parto de esto) estaría dispuesto a que su madre, hermana o hija rodasen una película pornográfica. Por tanto, ninguna persona podría hacer estas películas. De esta manera, se elimina la posibilidad material de que estas vergonzosas películas se pudiesen rodar. El que no vea esto claro (que lógicamente es impecable, porque es claro que todos aceptamos el “no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”), el que no vea esto claro, decía, que se imagine a su madre en una de las escenas de una película pornográfica, supongo que esto será suficiente para que lo vea del todo claro.

II. En segundo lugar, cuando el sexo se separa del amor, se produce en la persona un cambio de percepción: el prójimo (del otro sexo por lo general), ya no se ve como persona, no se mira como “otro yo” en dignidad igual a uno mismo, sino que más bien se mira como objeto sexual, que va a calmar los propios impulsos sexuales, si no es de manera directa en una relación sexual pasajera, sí al menos mediante la práctica solitaria y penosa de la masturbación. En cambio, un católico, no mira al otro como susceptible de relaciones sexuales, y por eso no le ve como objeto, sino como persona. Para poner un ejemplo práctico de esto, pensemos en unos obreros (que, escondidos por la unión del grupo se creen valientes), rebajan desde el andamio a la mujer a su mera condición sexual, pues hacen abstracción de la dignidad que hay en ella, y la miran como carne que puede calmar su apetito (esta es una de las razones por las que no me sorprende que haya violencia del marido a su mujer: por esa costumbre de ver la mujer como mera potencia sexual). Además a muchas mujeres, paradójicamente, les gusta que las vean como carne, y es que “las niñas ya no quieren ser princesas”, les son agradables estos piropos repugnantes, y los van buscando, también con miradas cómplices.

III. Relacionado con el punto anterior, el sexo sin amor lo ve el católico como una manera de descontrol de uno mismo. En efecto, si hubiera unidad interior, no nos dejaríamos vencer por las debilidades del sexo. El acostumbrarse a tener unidad interior conlleva una gran libertad en otros aspectos de la vida, como el sacrificarse para estudiar, el practicar con regularidad un deporte, etc., porque pensamos que lo realmente importante en la vida comporta un esfuerzo, un sacrificio; de ahí uno de los sentidos de la Cruz de Jesucristo.

IV. No cabe concebir mejor regalo de bodas que poder decir a la pareja en esa noche: “Te he sido fiel incluso desde que no te conocía. Ahora que vamos a compartir la vida, está ya abierta para nosotros la puerta del acto sexual, y con él, de la vida de nuestros hijos”. Esta es una de las joyas que el católico tiene reservada en su vida. Creo que para el hombre no cabe concebir mayor respeto a su mujer, y viceversa. Pensemos por un momento lo que son las parejas de hoy en día, nada que ver con esto.

V. Para el católico no es un problema en su vida el aborto, pues el sexo integrado en el matrimonio disuelve toda posible cuestión a este respecto. Sí que es un problema en cambio para la conciencia. No sé quien puede dormir tranquilo sabiendo que cada cuatro minutos muere asesinado en España un niño en el seno materno. La posible complicidad en esto del lector no quedará impune. Estamos callando un genocidio, por esto se nos recordará. El PPSOE lo está silenciando o impulsando, según el caso. Y es que el creyente no puede dejar de pensar que, pongamos por caso, un terrorista, reciba en el mundo futuro la misma recompensa que un misionero. También son pecados los producidos por callar, por omisión.

En fin, creo que esta manera de responder a mi amigo es razonada. Al menos no se podrá decir que el verdadero católico no tiene una postura razonable en cuanto al sexo.

2 Responses

  1. Muy razonada, sí, y en lo básico (en el fondo) estamos de acuerdo. Aunque quizá, por hacer algún “matiz”, olvidas que hay por ahí gente muy “liberada” que no ve mayor problema en que su madre o su hermano hagan pelis porno (ten en cuenta que, p. ej., el incesto va a más).

    Por otra parte, no creo que, desde un punto de vista cristiano, haya problema en mirar “al otro como susceptible de relaciones sexuales”, siempre que eso no implique cosificación ni homosexualidad. Me parece muy sano que un chico que busca pareja se plantee si le atrae sexualmente la candidata (siempre, claro, que no sea eso lo único que se plantee).

    El cristianismo genuino (véase el Cantar de los cantares) exalta el sexo, incluso el sexo por el sexo (¿por qué no, si lo creó Dios?), siempre que sea en el marco de un compromiso serio.

    Cordiales saludos.

  2. Gracias JF. Sí, me refería a que no debe mirarse al otro como mero objeto sexual; y claro que se puede mirar al otro como susceptible de relaciones sexuales, pero siempre que no sea a corto plazo, lo que evita la mirada sucia.
    Saludos cordiales también para ti.

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