Evangelio según San Lucas 18,9-14.

Evangelio según San Lucas 18,9-14.

Y refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola: “Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’. En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’. Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios.

Leer el comentario del Evangelio por :

San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia
Sermón 115

« El publicano… no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo »

El fariseo decía: «Yo no soy como los demás.» ¿Quiénes son estos ‘demás’ sino todos excepto él? «Yo soy justo, los demás son pecadores; no soy como los demás, ladrones, injustos, adúlteros.» Fíjate que la presencia de un publicano a su lado le ofrece la ocasión de enorgullecerse más todavía. «Yo, yo soy un hombre distinto; él es como los demás. Yo no soy de su especie; gracias a mis obras de justicia no soy un pecador. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo». ¿Qué es lo que le pide a Dios? Buscad en sus palabras, y encontraréis que no pide nada. Subió al templo, digamos que para orar; pero no pide nada a Dios, sólo se alaba. E incluso es demasiado poco para él el no pedir nada a Dios sino alabarse que, por añadidura, insulta al que ora a su lado: ¡es el colmo!

El publicano «en cambio, se quedó atrás», y, sin embargó se acercó a Dios; lo que se reprochaba en su corazón parecían alejarle, pero su amor le acercó a Dios. Este publicano se mantuvo a distancia, pero el Señor se acercó a él para escucharle. «El Señor es sublime, se fija en el humilde», mientras que «de lejos conoce al soberbio», como el fariseo (Sl 137,6). Todo el que se enorgullece, el Señor lo mira desde lejos, pero no lo ignora.

Por el contrario, fijaos en la humildad del publicano. No sólo se mantiene a distancia, sino que ni se atreve a levantar los ojos al cielo. No se atreve a levantar los ojos y buscar una mirada. No se atreve a mirar a lo alto. Pues su conciencia le humilla, pero la esperanza lo levanta. Escuchad más: «Se golpeaba el pecho». Por sí mismo cree que merece un castigo; por eso Dios perdona la culpa a este hombre que confiesa su falta. «¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador»: ¡mirad a alguien que ora! ¿De qué extrañarnos que Dios ignore sus faltas puesto que él mismo las reconoce? Se hace su propio juez y Dios defiende su causa. «En verdad os digo» – quien habla es la Verdad, es Dios, es el juez- «este publicano bajó a su casa justificado, y aquél no». Dinos, Señor, ¿por qué? «El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: